Monseñor González Moralejo, tercer Obispo de Huelva (y II)

 De izquierda. a derecha: el Obispo de Huelva, don Diego Capado y S. S. el Papa. (Foto cedida por don Diego Capado).
De izquierda. a derecha: el Obispo de Huelva, don Diego Capado y S. S. el Papa.
(Foto cedida por don Diego Capado).

Antonio José Martínez Navarro. En 1979 se celebra modestamente el 25 aniversario de la Diócesis onubense. Entre los problemas que, según don Rafael, existían en la misma estaba el que la Iglesia en nuestra ciudad debía ahondar en la evangelización y la formación cristiana del pueblo; otro problema era el de atender  a la búsqueda y promoción de nuevas vocaciones, tanto para el sacerdocio como para los institutos religiosos y un tercer problema era el de dar a los cristianos sentido de comunidad de solidaridad, de asociación, de cooperación…

            En la Novena de la Cinta de 1979 un prelado, Monseñor González Moralejo, la predicaba completamente por vez primera. El diario “Odiel” del día 1 de septiembre del citado año comunicaba a sus lectores:

<<En su segunda noche volvió a llenarse de fieles la Catedral para participar en la solemne novena con que su Hermandad honra a la Patrona de Huelva, la Santísima Virgen de la Cinta.

            Aparece la imagen de la Virgen Chiquita presidiendo el altar mayor, colocada ante la sede episcopal del coro catedralicio en el mismo trono de plata repujada en que realiza la procesión del Santuario a la Catedral.

            Una vez concelebrada la misa el Obispo, don Rafael González Moralejo, quien tras el Evangelio hizo una síntesis de lo que debe ser una vida cristiana señalando el ejemplo de la Virgen que escogió sobre todo, la voluntad de Dios.

            Toda la grandeza de María, comenzó diciendo el Prelado, consiste en su fidelidad a la Palaba de Dios, que le fue comunicada por medio del ángel. A partir de las lecturas bíblicas se proponía exponer en qué consiste la fidelidad al Señor y a su Palabra y que pedía ésta de cada uno de los cristianos. Se refirió a la parábola de las diez vírgenes, que se había leído en el Evangelio, y puso de relieve la contraposición de dos comportamientos por parte de cinco y cinco de esas vírgenes. Las sensatas son modelos de sabiduría práctica, en definitiva de fidelidad. Las otras son reflejos del descuido y de la improvisación. No han sido fieles.

De izquierda. a derecha: el Obispo de Huelva, don Diego Capado y S. S. el Papa. (Foto cedida por don Diego Capado).
De izquierda. a derecha: el Obispo de Huelva, don Diego Capado y S. S. el Papa.
(Foto cedida por don Diego Capado).

Y aplicaba perfectamente la enseñanza a la vida de sus oyentes ¿tú tienes fe?, preguntaba, ¿tú eres fiel a Dios? Porque lo propio del que tiene fe es ser fiel a aquél de quien se fía y demostrarlo siguiéndole fiel a su voluntad y a su palabra.

            “María, dijo, ha escogido por encima de todo la voluntad de Dios, ha optado decididamente por aquello que Dios quiere”.

            Continuó la Santa Misa siendo muy numeroso el grupo de personas que se acercaron a la Sagrada Comunión. Terminado el Santo Sacrificio leyeron las oraciones de la novena a la Virgen de la Cinta y dio la bendición con el Santísimo Sacramento el párroco de los Dolores, don Manuel López Vega.

            Están agradando sobremanera los sermones del Prelado así como el enfoque de cada uno de sus temas. Es la primera vez en la historia de la Hermandad que predica un Obispo toda su novena en honor de la Virgen de la Cinta>>.

            Monseñor González Moralejo hablaba lentamente, y, sin embargo, no causaba la fatiga de la espera. Iba esparciendo ideas y dejaba al oyente espacio para que ninguna de ellas se perdiera. Su estilo era perfecto, frío, acomodado a la solemnidad de la doctrina. El interés de la peroración se apoderaba del auditorio.

            Llevaba diez años Monseñor González Moralejo como Obispo de Huelva y don Antonio Vergara, Administrador Diocesana, insertaba un artículo en el diario “Odiel” del día 27 de diciembre de 1979 valorando los logros obtenidos durante el citado periodo de tiempo. Destaquemos algunos de ellos:

<<…Nuevos templos parroquiales. Diecinueve parroquias se han erigido durante este tiempo. De ellas once tienen sus templos construidos, aunque cinco se hayan acomodado en bajos comerciales. Contrastes de suntuosidad y grandeza con humildad y pobreza. Dos visiones distintas de una iglesia que camina peregrino en el Sinaí o triunfante en Jerusalén. Y por ciar dos extremos sirvan la de San Pablo en Fuentepiña, parroquia de características y Pastoral obrera, y la de Santa Teresa en la Orden, que pretende ser un símbolo de presencia de la iglesia en una barriada excesivamente poblada y carente de espacios libres. Cinco capillas y ermitas completan esta lista, para facilitar a nuestros oyentes el cumplimiento de sus deberes religiosos comunitarios.

Muy digno de tener en cuenta es el capítulo de reparación y conservación de templos. Dificultad que se agranda al contemplar nuestra falta de tesorería por ser una Diócesis que acaba de nacer, y el destrozo que en muchos templos causó el terremoto de 1969.

            Con las escasas ayudas del desaparecido organismo de Ayuda a la Reconstrucción de Templos, del Ministerio de la Vivienda, con la más escasa del propio Obispado, y con una buena dosis de fe y esfuerzo de sus sacerdotes y comunidades, son muchos los templos que se han reparado, algunos en casi su totalidad. Aun a sabiendas de que es peligroso citar nombres, pero por vía de ejemplo, bueno será recordar aquí  las parroquias de San Bartolomé de la Torre, Chucena, El Campillo, Lucena del Puerto, Linares, Cortelazor, Arroyomolinos, etc.>>.

            En el mismo artículo don Antonio  Vergara proclama otros éxitos de los primeros diez años de Monseñor González Moralejo como el  llamado ”Las cajas de compensación”. Detengámonos en los titulados “Al servicio de la Enseñanza, el Arte y la Caridad y Previsión de Viviendas:

<<…En el terreno de la enseñanza se inaugura el Colegio del Sagrado Corazón, de E. G. B. con la presencia del Nuncio de S. S. y el Colegio de Cristo Sacerdote, encomendado a los PP salesianos, de E. G. B. y Formación Profesional. El Seminario Diocesano amplía sus dependencias para ofrecer a la Delegación  del Ministerio de Educación y Ciencia diez unidades para E. G. B. como servicio especial para los niños de la barriada de El Torrejón. Se sanea la economía fuertemente deficitaria por los créditos recibidos en favor del Colegio Menor “Arias Montano”, San Pablo y Formación Profesional de Bollullos del Condado y comienzan a funcionar en varias parroquias parvularios y guarderías infantiles atendidas por grupos de religiosos. También debemos resaltar aquí la reparación y mejora de la Casa de Ejercicios cuya distribución resultada ya insuficiente, y la creación de salones parroquiales y de juventud.

            Interesado por la conservación del Tesoro Artístico que nos legaron nuestros mayores, crea el Museo Diocesano, al mismo tiempo que se preocupa, con la ayuda de Bellas Artes, de la restauración del Convento de Santa Clara, de Moguer, una de las mejores joyas arquitectónicas que tenemos y marco ideal para albergar entre sus muros la filigrana barroca de tantas obras de arte escondidas en nuestras humildes parroquias.

            Cáritas Diocesana está roturando un camino. El estudio sobre la tercera edad en Huelva está abriendo nuevos horizontes y concientizando a la opinión pública. Y surgen los hogares y residencias de ancianos: Gibraleón, Calañas, Villablanca, Jesús Abandonado…

            Estamos hablando hasta ahora de obras que se contabilizan en su mayor parte por toneladas de cemento y millares de ladrillos respondiendo siempre al precepto de practicar el amor y la evangelización. Justo es resaltar en capítulo aparte la preocupación por los sacerdotes.

            Ya en el año 1969 la situación económica del clero comenzaba a ser de penuria. El Obispo tiene que buscar soluciones para llegar más allá de lo que puede la Diócesis. La escasez de sacerdotes y el ritmo que exigen los nuevos tiempos en la vida pastoral hace que en muchas ocasiones se haga imprescindible el coche como herramienta de trabajo. Para ello consigue que la Caja Provincial de Ahorros facilite, por el sistema de créditos avalados por la Diócesis, los préstamos necesarios para la adquisición de un vehículo en favor de aquellos sacerdotes que lo precisen por motivos pastorales.

            Liquida, en gran parte, la llamada Empresa Diocesana, que constituida por aquellos días en que la Diócesis estaba haciéndose era ahora un peso muerto que agravaba más nuestra deficiente economía. Quedará sólo como residuo de aquella empresa, lo que pudiéramos llamar un retén, necesario para el mantenimiento y conservación de nuestros edificios, y que entre todos tenemos que sostener.

            Previsión de viviendas. Antes de terminar es justo que dejemos constancia de otra preocupación de nuestro Prelado: problema de viviendas. Varios pisos en la capital, y alguno fuera de ella se han adquirido durante este tiempo para habitación de sacerdotes ante el aumento de población que tiene Huelva. En la parroquia de Santa María Madre de la Iglesia se construyen treinta y seis. Comienza a funcionar la Cooperativa de Viviendas “Los Dolores”, en la parroquia del mismo nombre, y precisamente en estos días se está tratando de arreglar toda la documentación para que las llamadas “Casas del Obispo”, construidas por el Patronato Virgen de la Cinta, en tiempos de don Pedro Cantero –que tuvo como su mano derecha, en calidad de Inspector Diocesano provincial, a Juan Gil Zamora, remosqueado con el sobrenombre de “Juanito Laraña, añadimos nosotros- pasen a propiedad definitiva de sus moradores.

            A la hora de firmar este escrito es ya un hecho la aprobación por parte del Consejo de Presbiterio, para que el Obispado se transforme  en Casa de la Iglesia Diocesana, y pensamos que si no en su totalidad, al menos por parte, esta obra podrá comenzar a realizarse a lo largo de 1980. El interrogante sobre el destino que se habría de dar al Obispado se presentó por primera vez a dicho Consejo el 24 de septiembre de 1970. Hoy parece ya solucionado y pendiente  del modo de financiación. Asimismo la adquisición de tres parcelas en el Polígono de San Sebastián para  la ubicación de otras tantas parroquias en una zona que pronto será de las más pobladas de Huelva; y se está construyendo el Centro de Orientación Vocacional…>>.

            En la continuación de la labor de don Rafael en sus primeros días años de Prelado, don Antonio Vergara insistía sobre la acción del Señor Obispo en la Santa Iglesia Catedral (“Odiel” del día 4 de enero de 1980):

<<El terremoto de 1969 privó al Obispo de Huelva de la utilización de su sede en la Santa Catedral, que quedó clausurada al culto.

            El día 12 de febrero de 1977, tras la completa restauración del edificio, el señor Obispo procedió a la consagración del templo, asistido por representación del Cabildo Catedral y Clero diocesano, y en presencia del señor Director General del Patrimonio Artístico y Cultural, y las autoridades provinciales y locales de Huelva.

            El día 15 del mismo mes, con motivo del centenario del nacimiento de don Manuel González, tuvo lugar una solemne concelebración de los señores Obispos de Andalucía, presididos por el Sr. Cardenal de Sevilla.

            Desde la reintegración del templo al culto, y aparte de su presencia en los días litúrgicos solemnes, los domingos y días festivos, la Catedral recibe la visita del Pastor que celebra la Eucaristía y alimenta a la Diócesis con su palabra.  Esta iniciativa pastoral tuvo su comienzo en la Parroquia Mayor de San Pedro.

            El Cabildo y Clero Catedral debe al Sr. Obispo la provisión de seis Capitulares y cuatro Beneficiados>>.

            A finales de abril de 1981 otros motivos, diferentes a la obligada visita ad límina, llevan a Monseñor González Moralejo a Roma. El diario “Odiel” informaba de aquel viaje y de la cordial conversación que mantuvo con los Reyes de España:

<<Ayer llegó a nuestra ciudad procedente de Roma el Obispo de la Diócesis monseñor González Moralejo, después de la visita que había realizado a la Ciudad Eterna donde fue recibido por S. S. el Papa Juan Pablo II.

            El motivo del viaje de nuestro Prelado a Roma fue celebrar una conversación con el Papa, como presidente de Comisión Episcopal de Pastoral Social de la que depende la Junta de Semanas Sociales de España.

            Don Rafael González Moralejo fue recibido por S. S. inmediatamente después  de haber éste celebrado audiencia con SS. MM. los Reyes de España don Juan Carlos y doña Sofía. Se dio el caso de que al salir los Reyes de la audiencia papal, al apercibirse de la presencia de monseñor González Moralejo se salieron del séquito oficial para saludar al Obispo de Huelva y compartir con él unos minutos.

            El prelado onubense iba acompañado a la audiencia con el Papa por el presidente  de la Junta de Semanas Sociales y catedrático de la Universidad complutense don José Tomás Raga y del secretario, el sacerdote don Felipe Duque. La entrevista duró más de veinticinco minutos aunque había sido en principio prevista para diez.

              Como sabemos el prelado de Huelva es viejo amigo de Su Santidad el Papa Juan Pablo II con quien trabajó en las sesiones del Concilio Vaticano II. El motivo principal de esta visita era informar a Juan Pablo II sobre el tema y desarrollo de la futura Semana Social de España. Según nos dijo el propio señor Obispo, el Papa se interesó viva y particularmente por los problemas de la Diócesis de Huelva>>.

 

            “Odiel” le dedicaba a la entrevista del Sr. Obispo de Huelva y el Santo Padre una página entera en su edición del día 10 de mayo de 1981. En esta audiencia privada del Santo Padre hablaron del paro laboral en España, de la Comisión Episcopal de Pastoral Social interesándose  vivamente S. S. Juan Pablo II por la Diócesis de Huelva.

            El domingo 24 de enero de 1982 sale el Obispo de Huelva hacia el Vaticano, donde cinco días más tarde sería recibido por Juan Pablo II. “Odiel” decía el citado día 24 de enero:

<<Hoy domingo sale hacia Roma el Obispo de nuestra Diócesis, Rafael González Moralejo, acompañado de todos sus compañeros de las diferentes diócesis andaluzas, para realizar la visita ad límina a Su Santidad el Papa, Juan Pablo II.

            Como se recordará, en principio estaba previsto que Juan Pablo II recibiera a los obispos andaluces en los primeros días del mes, pero fue sustituida esta audiencia por la de los obispos de Nigeria, país que próximamente visitará personalmente a Juan Pablo II.

            Será por tanto el próximo día 29, viernes, cuando el Papa reciba a los obispos andaluces, de los que recibirá directamente toda la información necesaria sobre el estado de nuestras diferentes diócesis.

            Asimismo, a lo largo de los siete días en que los obispos permanecerán en el Vaticano se mantendrán contactos con los distintos Dicasterios y Congregaciones del Vaticano. Concretamente, nuestro Obispo irá acompañado en esta visita por el vicario general del Obispado de Huelva, Rosendo Álvarez Gastón>>.

            Habían pasado los años y había nevado sobre su cabeza, pero no sobre su corazón. Don Rafael había estado dedicado años a su Diócesis, con un esfuerzo generoso, incansable. Tenía una voluntad recia, era un luchador inspirado en la verdad teológica, en el amor al prójimo, muy seguro de su obra y en este período tan dilatado de trabajos sin pausa, sobre todo en el último trimestre de 1982, se resquebrajó su salud. El miércoles 19 de enero de 1983  “Odiel” comunicaba a sus lectores que el Obispo de la Diócesis, don Rafael González Moralejo, estaba siendo sometido a tratamiento médico desde primero de enero:

<<El Obispo de la Diócesis, Rafael González Moralejo, se encuentra enfermo desde hace unas semanas, estando en la actualidad sometido a revisión y tratamiento médico en Valencia, ciudad a la que monseñor González Moralejo se había desplazado en las pasadas fiestas de fin de año para pasar una semana con su familia, que reside en la Ciudad del Turia. Desde hacía ya unas semanas, el señor Obispo se encontraba cansado y con molestias se salud por lo cual aprovechó esa semana de reposo para visitar al médico y hacerse un chequeo. Tras las correspondientes pruebas se le observó un agotamiento, debido al intenso trabajo soportado en los últimos meses, por lo cual se le ha aconsejado una temporada de reposo y recuperación. A la par se le siguen realizando pruebas y análisis por si hubiera alguna dolencia de estómago o de cualquier índole que incidiera también en su enfermedad.

            Como se sabe, el señor Obispo ha desarrollado un intenso trabajo pastoral en el último trimestre del pasado año, teniendo que atender numerosas actividades que no le permitían ni un día de descanso a la semana. El resultado ha sido que su organismo se ha resentido y ahora debe recuperar las horas de reposo que le faltaban. Según nuestras noticias, en los últimos días ha observado una clara mejoría estando a la espera de los resultados de las pruebas que ayer mismo se le efectuaron para conocer con precisión el alcance de su enfermedad. De todas maneras, el Obispo habla diariamente con el Obispado de Huelva para seguir la marcha de los temas dela Diócesis.

            Con todo, es muy probable que no pueda estar en Huelva para acudir a los actos previstos para los próximos días, como pueden ser las celebraciones religiosas del Patrón de Huelva, San Sebastián o las Jornadas de Teología que comienzan el viernes.

            Oraciones por su pronto restablecimiento. Por su parte, el vicario general de la Diócesis ha enviado a los sacerdotes, religiosas y religiosos una carta comunicándoles la triste noticia de la enfermedad del Obispo a la par que les pide que ofrezcan oraciones por su pronto restablecimiento. “Esperemos –dice también el señor vicario- que pronto podrá incorporarse a las responsabilidades pastorales de la Diócesis, a la que el señor Obispo tiene muy presente en esta ausencia obligada”>>.

            Monseñor González Moralejo tuvo mucho que ver con el Monumento a la Virgen de la Cinta Coronada. Así en su inauguración, acaecida en la infancia del siglo XXI (tarde del 15 de noviembre de 2003, “Día de la Iglesia Diocesana), en un día frío y lluvioso, en el que se aprovechó una “clara” para poder realizar el acto, al que asistió numerosas personas y que estuvo presidido por el alcalde de Huelva, Pedro Rodríguez González; el hermano mayor de la Hermandad de la Cinta, José Luís Gallardo; y el obispo de Huelva, Ignacio Noguer Carmona, acompañados por el coro de campanilleros de la Patrona de Huelva, promotor de la ceremonia, uno de estos tomó la palabra y dijo que la génesis de esta obra se había iniciado en el año 1998, cuando un grupo de campanilleros se propuso, fervorosamente, levantar un monumento que perpetuara la coronación de la Virgen de la Cinta, hecho que se había producido en la jubilosa jornada del sábado 26 de septiembre de 1992, verificada por Monseñor Rafael González Moralejo, obispo de Huelva, y por el cardenal Legado Pontificio, Eduardo Martínez Somalo, con asistencia de miles de onubenses que inundaron esta Avenida.

            Pero, continuemos con la enfermedad. Ésta siguió avanzando en el organismo de Monseñor González Moralejo y en los primeros días de octubre de 1993 presenta su solicitud de renuncia a esta Diócesis que fue aceptada por el Papa Juan Pablo II el 27 de octubre de ese mismo año.

            Aunque ya nos hemos ocupado de su labor literaria, convendría que enriqueciéramos los datos con otros dos libros de su autoría.

            En su primer libro editado titulado “Economía práctica. Problemas resueltos tipo test” el autor “trata de familiarizar al estudiante con las técnicas, métodos, teorías y conceptos relacionados con la Microeconomía. El objetivo es contribuir a desarrollar la intuición económica, la actitud crítica y creativa y la capacidad de descripción y análisis de los fenómenos microeconómicos”.

            La crítica de “El Vaticano II en taquigrafía”, según la Casa del Libro, es la siguiente:

<<A una distancia de casi treinta años, los apuntes tomados por el autor, en su condición de Padre conciliar, durante las reuniones que gestaron la Constitución pastoral Glaudium et spes, refrescan y traen a la memoria no solo el valor de este importante documento conciliar, sino también la complejidad de su elaboración…>>.

            La esquela aparecida en el diario “Huelva Información” el día 29 de enero tenía el siguiente texto:

<<Excmo. y Rvdmo. Sr. don Rafael González Moralejo, Obispo Emérito de Huelva, falleció en nuestra ciudad el día 28 de mayo de 2004, a los 86 años. La capilla ardiente se instaló en la Residencia Santa Teresa Jornet, Avenida de Santa Marta, 7, de Huelva>>.

            El diario “El País” en su edición del día 30 de mayo de 2004 se hacía eco de la muerte de don Rafael González Moralejo, obispo emérito de Huelva:

<<El obispo emérito de Huelva, el valenciano Rafael González Moralejo, falleció ayer en la capital onubense tras una larga enfermedad que le había mantenido alejado de la actividad eclesiástica en los últimos años, informó en un comunicado la Oficina de Obispos del Sur. Fuentes del Obispado de Huelva indicaron que la salud de su prelado emérito, a quien relevó en 1993 el actual titular de la Diócesis don Ignacio Noguer, se había ido deteriorando en los últimos seis años y que la pasada madrugada sufrió una insuficiencia renal repentina que le causó una infección en la sangre, de la que no pudo recuperarse.

            La misa exequias será oficiada mañana, lunes, al mediodía, en la Catedral de Huelva y después sus restos mortales recibirán sepultura en el mausoleo del Seminario Diocesano onubense. El obispo de la Diócesis de Huelva, Ignacio Noguer, pedirá por él en la misa oficial de romeros de El Rocío>>.

            Este ha sido el breve bosquejo biográfico de un Obispo que desarrolló su acción prioritariamente en unión de sus colaboradores natos, sus sacerdotes; de un Obispo que quiso conocer in situ a cada uno de sus sacerdotes, girando visita personal a cada uno de ellos, compartiendo su casa y su mesa, e interesándose por cada situación concreta, de un Obispo que supo encauzar el impulso que le exigía una ciudad en constante evolución, en definitiva, de don Rafael González Moralejo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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