Descubriendo Níger a través de los ojos de la cooperante valverdeña Mayte Vizcaíno

Licenciada en Administración y Dirección de Empresas, y tras pasar por el departamento de ventas de IBM Madrid, la onubense decidió dar un giro de 180 grados a su carrera profesional. Ha trabajado sobre el terreno en proyectos de ayuda humanitaria desarrollados en Filipinas, Senegal, Haití y Níger. 

Mayte Vizcaino ha trabajado como cooperante en Niamey, capital de Níger, durante un año.
Mayte Vizcaíno ha trabajado como cooperante en Niamey, capital de Níger, durante un año.

Rosa Mora. Es un error común pretender describir el continente africano como si de una región uniforme y homogénea se tratase. De ello nos alerta la valverdeña Mayte Vizcaíno, quien desde abril de 2015 hasta marzo de 2016 residió en Niamey, capital de Níger, estado del Sahel africano que limita al sur con Nigeria y Benín, al oeste con Burkina Faso y Malí, al norte con Argelia y Libia, y al este con Chad.

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Los fines de semana, al atardecer, la valverdeña solía ir junto a sus compañeros a la duna.

Erigido como un referente por su profundo conocimiento y análisis de África, la cooperante no duda en citar al periodista polaco Ryszard Kapucinski quien, nos recuerda Mayte, sentenció que “salvo por el nombre geográfico, África no existe”. “Criticaba así la recurrente simplificación con la que nos referimos a la gran variedad de culturas, lenguas, historias y paisajes que existen en sus 54 países”, explica la onubense durante la entrevista concedida a Huelva Buenas Noticias.

Junto al equipo de ACH con el Mayte participó en una formacion en Keita, pueblo al que se desplazó unos dias por trabajo.
Junto al equipo de ‘Acción Contra el Hambre’ con el que Mayte participó en una formacion en Keita, pueblo al que se desplazó unos dias por trabajo.

Licenciada en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Sevilla, la cooperante reconoce que no siempre tuvo clara su vocación profesional.  “Con 18 años elegí qué estudiar sin saber qué quería de la vida, ni qué implicaban unos estudios u otros. Me decidí por Administración de Empresas que, según me decían, tenía muchas salidas profesionales. Así, y aunque este mundo no me gustaba, opté y conseguí una beca en el departamento de ventas de IBM Madrid”, nos cuenta Mayte. “En seguida -añade- empecé a estudiar un Máster de Comercio Internacional que posibilitó que me fuera a Buenos Aires a apoyar la internacionalización de las empresas, pero aquello me aburría, no quería dedicar mi vida a algo que yo encontraba vacío de sentido. En ese momento de indecisión, me llegó la oportunidad de trabajar en una Fundación en Córdoba que se dedicaba a la cooperación internacional para el desarrollo. Descubrí que aquello me encantaba, despertándose en mí la motivación por aprender y saber, sintiendo entonces que me dedicaba profesionalmente a lo que siempre hice por vocación personal, a través de voluntariados varios”. 


En la actualidad, Mayte trabaja en la sede sevillana de Cear (Comisión Española de Ayuda al Refugiado), entidad que defiende y promueve los Derechos Humanos y el desarrollo integral de las personas refugiadas, apátridas y migrantes con necesidad de protección internacional y/o en riesgo de exclusión social.

Navegando por el río Níger era frecuente ver hipopótamos.
Navegando por el río Níger es frecuente ver hipopótamos.

En relación a sus experiencias como cooperante, la onubense ha tenido la oportunidad de participar en proyectos desarrollados en Haití, Senegal, Filipinas y Níger. Sobre su última estancia en el país africano hemos conversado con Mayte, un estado del que nos cuenta, le impresionó “la amabilidad de su gente; el calor seco de los meses de verano; las tormentas de arena; la naturalidad con la que locales y extranjeros pasamos la malaria -cual gripe en España, medicamento adecuado, dos días en casa y a seguir-; el rojo de su tierra; los intereses y el despliegue de la empresa Areva debido a las importantes minas de uranio que existen al norte de Níger y que son vitales para la energía nuclear francesa; las casas de adobe y paja que no solo encuentras en caminos y aldeas, sino también en pueblos y ciudades o la rápida islamización debida en gran parte a la presencia de escuelas coránicas y otros proyectos financiados por los gobiernos de países de la Península arábiga”. 


Escenas de la vida cotidiana en Niamey.
Escenas de la vida cotidiana en Niamey.

 – ¿Qué te animó a unirte al proyecto de cooperación en Níger?
–  Conocía bien la organizaciónAcción Contra el Hambre’ con la que ya había trabajado en Senegal y Filipinas y de la que me sentía orgullosa de colaborar por la calidad de su trabajo, apoyado en investigaciones y estudios, y acompañado de una labor de incidencia política imprescindible para combatir la pobreza. Valoro mucho además la calidad del trabajo que desarrolla el departamento de Recursos Humanos, importante siempre, y especialmente cuando estás en el terreno.

Asimismo, el puesto que me ofrecían, de coordinadora de calidad, seguimiento y evaluación, suponía un paso adelante en cuanto a las responsabilidades que asumía, incluyendo funciones de coordinación. Por otro lado, en lo que al destino se refería, aunque Níger no me atraía, por África siento predilección.

Un momento de una tormeta de arena, habituales en el país.
Un momento de una tormenta de arena, habituales en el país.

– ¿Cuáles eran tus funciones?
– En lo que a mis funciones se refiere, se trataba principalmente de poner en marcha un sistema de Seguimiento y Evaluación de los proyectos, lo que implicaba no solo el diseño del sistema y las herramientas a utilizar -adaptados a nuestras necesidades y recursos a la vez que a los requerimientos del donante-, sino también la capacitación de los equipos para su uso, revisión y corrección, en caso necesario, de la información que se va recogiendo, la tabulación y sistematización de los miles de datos que se obtienen y su análisis, entre otras labores. 

– ¿Y en lo que a tu día a día se refiere?
– Entre semana lógicamente me levantaba sobre las 07.00 horas para empezar el trabajo en la oficina a las 08.00 horas. En Niamey, capital de Níger, hay que desplazarse en coche por varias razones: calor, polvo, distancia y seguridad. Es una cuestión a lo que cuesta acostumbrarse y que limita un poco la capacidad de movimiento al depender de un coche compartido entre varias personas de la organización.

Mayte destaca la amabilidad de la gente del país como uno de los aspectos que más le llamó la atención.
Mayte destaca la amabilidad de la gente del país como uno de los aspectos que más le llamó la atención.

Más adelante, tras el trabajo, a veces íbamos a correr, tomábamos algo, íbamos al mercado, o volvía a casa. Diría que el día a día era bastante normal, salvo por el paisaje ya que Niamey, aun siendo la capital de un país, es más parecida a El Rocío que a Huelva, con sus calles de arena, sus camellos, sus casas bajas y tiendecitas de todo un poco. En los meses de ‘invierno’ además ocurren las espectaculares tormentas de arena, que oscurecen el día y llenan todo de tierra. Asimismo, son diferentes y llamativas las conversaciones o anécdotas que se sucedían día tras día. 

En cuanto a los fines de semana en Níger, estos son poco variados porque, por seguridad, no se puede salir de la ciudad, así que existen planes que se quedan un poco cortos aunque marcaban la diferencia entre los días laborales y los festivos. Uno de estos planes era ir a la duna al atardecer con algo de picar y buena compañía, allí charlábamos disfrutando del color naranja de la arena y la vista en general. También solíamos alquilar una pirogue (piragua) para navegar sobre el río Níger encontrando probablemente algún hipopótamo; hacer un picnic en una de sus islas, o ir en coche a la reserva de jirafas de Koure, a unos 65 kilómetros de Niamey. He de matizar que, según la organización para la que trabajes, necesitas un permiso especial para cualquiera de estas excursiones que traspasan el límite “urbano”.

Mayte se considera una enamorada de África.
La cooperante se considera una enamorada de África.

– Cuéntanos, ¿Cómo era el lugar en el que residías?
– Como el resto de personal expatriado en Níger, yo vivía en Niamey, su capital, de donde se desaconseja salir por razones de seguridad. Níger es un país tranquilo con gente amable y acogedora, pero que se ve amenazado por sus fronteras. Simplificando la situación: el peligro en el norte proviene de la frontera con Libia y Argelia, a donde llegan muchas armas del sur de África, y que convierte a Níger también en un país de tráfico de drogas y personas; en el sureste, en la frontera con Nigeria y Chad, ataca Boko Haram; y Al Qaeda y rebeldes touaregs lo hacen al oeste donde Níger limita con Mali.

En cuanto a Niamey, ésta es una ciudad no excesivamente extensa, tranquila en el día a día, donde me moví sola de noche sin problema, y donde no creo que nunca ocurra un asalto personal para robarte lo que llevas encima. El peligro latente, no obstante, es el secuestro de “un blanco” por un grupo terrorista o un ataque como los ocurridos en Bamako, capital de Mali, en noviembre 2015, o en Uagadugú, capital de Burkina Faso, en enero de 2016.

Junto a compañeros, disfrutanto del tiempo de ocio en Níger.
Junto a compañeros, disfrutando del tiempo de ocio en Níger.

Por otro lado, yo viví primero en una casa de ‘Acción Contra el Hambre’ con otros cuatro compañeros: un congoleño, un italiano, un ruandés y una francesa. Aunque lógicamente pierdes tu independencia y las comodidades de vivir sola, me gustó mucho compartir seis meses con estas personas que me enriquecieron personal y profesionalmente. Era una casa grande con habitaciones individuales y un salón amplio donde nos juntábamos a veces para cenar, ver la tele o charlar. Más adelante, en noviembre, empecé a trabajar en otra ONG alemana y cambié también de casa. La novedad de esta segunda es que teníamos un dromedario en el pequeño jardín de entrada. Era gracioso, cuanto menos, y divertido a veces que lo sacaba a pasear, o venían niños a verlo, pero me daba pena que tuviera tan poco espacio y que no se relacionara con otros camellos.

Durante unos meses vivió en una casa en la que contaban con un dromedario, 'Dromi'.
Durante unos meses vivió en una casa en la que contaban con un dromedario, ‘Dromi’.

– No se trataba de tu primera experiencia como cooperante, ¿Alguna otra estancia que desearías destacar?
– Cada salida es especial, no obstante destacaría Filipinas por lo maravilloso del país y las capacidades de los compañeros locales; Senegal porque fue la primera vez que trabajaba con malnutrición infantil y pude ver y aprender mucho sobre ello, y Haití por su historia y su mezcla, y por la oportunidad de conocer la gestión de la ayuda internacional en este país que, posteriormente, se hizo famoso por el terremoto que lo devastó en 2010 y que terminó convirtiéndose en la “República de las ONG” -llegó a haber más de 10.000 organizaciones y agencias de ayuda humanitaria-

La población de jirafas en Níges es muy extensa.
La población de jirafas en Níger es muy extensa.

– ¿Con qué experiencias de las vividas en Níger te quedas?
– [Piensa] No es fácil elegir. Destacaría las visitas a Centros de de Rehabilitación Nutricional donde se tratan los casos de desnutrición infantil impactan, así que guardo imágenes e historias que nunca olvidaré. Por otro lado, la experiencia de trabajar coordinadamente con el gobierno nigerino y las principales ONG que combaten la desnutrición en Níger es enriquecedora y esperanzadora. Señalar también la multiculturalidad de la que disfrutaba en el tiempo de ocio, con gente de múltiples nacionalidades, historias y experiencias increíbles… Y episodios cortos de la vida diaria como cuando se rompió el embrague del coche y fuimos varios kilómetros en segunda por Niamey hasta encontrar un taller, y la posterior negociación con el dueño que acabó dejándonos un coche sin pedir ni una firma a cambio;  las tormentas de arena durante las que la luz del sol desaparece, el ambiente se vuelve anaranjado y se levanta un viento repentino y hay que cerrar puertas y ventanas y resguardarse si no quieres acabar cubierto de arena; pasear a Dromi, el dromedario, por el barrio.

La cooperante recuerda con cariño su estancia en el país africano.
La cooperante recuerda con cariño su estancia en el país africano.

– ¿Sigues teniendo vinculación con tu pueblo, Valverde del Camino?
– Sí, claro. No voy mucho porque siento que mi vida ya no está allí, pero voy a ver a mis padres y a mi sobrina, y a algunas amigas. 

– Muchas gracias por compartir con los lectores tu experiencia. 



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