Ana Romero, una periodista onubense que trabaja desde Zúrich para una agencia de comunicación española

Natural de Manzanilla, llegó a la ciudad más poblada de Suiza, referente cultural y económico del país alpino, hace exactamente un año. Esta joven profesional ya sabe lo que es vivir en varios destinos extranjeros. Berkeley, en California y la capital austriaca han sido otros de sus lugares de residencia.

La onubense llegó a Zúrich en enero de 2016. En la imagen junto a su marido Jose, frente a la catedral de la capital suiza.
La onubense llegó a Zúrich en enero de 2016. En la imagen, junto a su marido Jose, frente a la catedral de la ciudad suiza.

Rosa Mora. Lo que en un momento determinado puede verse como un gran contratiempo, con perspectiva, la misma situación es posible que sea analizada como la clave de un esperado cambio de rumbo en nuestra vida. Tras verse afectada por la crisis económica la empresa de comunicación en la que la onubense Ana Romero Pinto trabajaba, la joven periodista decidió en 2009 dar el salto a EEUU con la intención de mejorar su nivel de inglés y ampliar su horizonte de miras. Una decisión, la de vivir durante un año y medio en la ciudad de Berkeley, en California que, explica a Huelva Buenas Noticias, le abrió las puertas a su trabajo actual y a vivir con posterioridad en otros países.

Ana Romero trabaja desde Suiza para una agencia de comunicación española.
Ana Romero trabaja desde el país alpino para una agencia de comunicación española.

Licenciada en periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid, y con Máster en Medios Audiovisuales cursado en la Escuela CES, Ana Romero aterrizó en Zúrich en enero de 2016, metrópolis con un gran peso financiero y cultural en el viejo continente, a la que llegó después de que a su marido lo trasladaran. A la onubense le ofrecieron entonces la posibilidad de conservar su empleo en la agencia de comunicación española para la que trabajaba, pudiendo realizar sus funciones desde la ciudad más poblada de Suiza y, por supuesto, asumió el reto. 

Aunque añora a familia, amigos y a su pueblo natal, Manzanilla, la experta en comunicación valora de forma muy positiva su estancia en Suiza, una oportunidad que le está permitiendo conocer “una nueva cultura, un nuevo idioma y tener una nueva experiencia”.

Durante un año y medio residió en Berkeley, California. En la imagen, frente al puente Golden Gate, en San Francisco.
Durante un año y medio residió en Berkeley, California. En la imagen, frente al puente Golden Gate, en San Francisco.

– ¿En qué momento  y por qué decidiste trasladarte a Suiza?
– Lo decidí poco antes de las Navidades del pasado año cuando comunicaron a mi marido que trabajaría durante un año en un proyecto en Zúrich. Justo al llegar de la luna de miel mi marido tenía un email de su oficina, al día siguiente tenía que viajar a Suiza para trabajar allí una semana, esos cinco días laborables se fueron extendiendo hasta estar ocho meses viviendo ambos entre Zúrich y Madrid. Ahí le comunicaron que estaría en el proyecto suizo todo 2016 así que decidí seguirle.

– Cuéntanos, ¿Dónde trabajas actualmente?
– Tengo la suerte de teletrabajar, algo poco habitual en España pero que tiene múltiples beneficios para la empresa y para los empleados. Así que conservo mi trabajo español en una Agencia de Comunicación.

Ana, junto a su marido en el Palacio de Verano de Sissi en Viena. Lugar en el que Jose le pidió matrimonio.
Ana, junto a su marido en el Palacio de Verano de Sissi en Viena. Lugar en el que Jose le pidió matrimonio.

– Antes de llegar a Zúrich has vivido en otras ciudades y países ¿Cómo fueron estas experiencias? 
– Sí, en 2014 estuve ocho meses en Austria. Nuevamente el que estaba asentado allí es el que ahora es mi marido y en esa ocasión yo estaba entre Madrid y Viena. Fue una experiencia única, nos encanta la ciudad, la cultura… No nos importaría volver a vivir allí un tiempo. Pero sin duda, lo que me abrió las puertas a mi trabajo actual y a vivir en otros países fue el año y medio que viví en Berkeley, California. En ese momento comenzaba la crisis económica en España y en la televisión en la que hacía informativos hicieron un ERE. Al principio pensé que era lo peor que me había pasado, tenía contrato indefinido y me veía allí para siempre, sin embargo, ha sido lo mejor. Eso me hizo ponerme las pilas con el inglés, que entonces tenía un nivel muy bajo, y buscar alternativas para vivir fuera de España.

Con un intercambio cultural me fui a vivir con una familia, que ahora es ‘my californian family’. Allí iba a la Universidad de Berkeley a clases de reporterismo y periodismo corporativo, a un seminario de pronunciación americana y a clases de chino mandarín.

Chocolates de la Fábrica Cailler en Broc cerca de La Gruyère, donde hacen el queso Gruyère, en Suiza.
Chocolates de la Fábrica Cailler en Broc cerca de La Gruyère, donde hacen el queso Gruyère, en Suiza.

– En lo que a idiomas se refiere, ¿Cuál empleas en Suiza?
– En Suiza hay tres idiomas oficiales: alemán suizo, italiano y francés. Zúrich está en la parte alemana así que se habla alemán suizo. Yo principalmente hablo en inglés aunque intento aprender alemán, el principal problema es que se estudia alemán estándar y es diferente al suizo. Según un amigo de padre alemán y madre española, quienes hablan alemán pueden entender algo de suizo pero no 100%, él dice que es como el catalán para los hablantes de español: puedes saber de qué va la conversación pero no hablas el idioma.

– ¿Estaba en tus planes trabajar fuera de España?
– En la Universidad o incluso cuando trabajaba en televisión, no… pero siempre tuve claro que tenía que hablar idiomas y sabía que para lograrlo lo mejor era salir de España.

Cataratas del nacimiento del río Rin.
Cataratas del nacimiento del río Rin.

– Y volviendo a  Zúrich, ¿es una ciudad agradable para vivir?
– Es una ciudad pequeña, como puede ser Huelva, pero muy agradable y organizada. La parte del lago tiene unas vistas increíbles y muchos jardines donde la gente hace barbacoas y picnics los fines de semana y festivo cuando hace buen tiempo. No obstante, Zúrich es conocida por sus bancos y tiendas de lujo. Es una ciudad bastante cara porque el nivel de vida es muy alto. Para hacerse una idea, las manzanas se venden por unidad y cada pieza puede costar 1,20 euros. Desde la Universidad de Zúrich hay unas vistas impresionantes de la ciudad y es muy agradable subir hasta allí en el funicular. Esta institución cuenta con gran prestigio internacional ya que por sus aulas han pasado varios Premios Nobeles, entre ellos Albert Einstein.

Vista del centro de Zúrich.
Vista del centro de Zúrich.

Su gente tiene un carácter muy alemán, nada que ver con la parte italiana o francesa de Suiza, son estrictos y cumplen cada norma a rajatabla. De las cosas que más nos ha sorprendido es el sistema de basuras: los edificios cuentan con un servicio de empresas privadas que se dedican al reciclaje de distintos envases (cartón, plástico, vidrio…), todo lo que no pueda reciclarse tiene que ir a una bolsa especial que la venden en los supermercados y cuesta alrededor de cinco euros porque incluye el impuesto de basuras. Así que… ¡quién recicla ahorra! Se dice de Zúrich que es la ciudad más divertida de Suiza aunque nada comparado con España. Aquí se lleva el horario europeo de levantarse muy pronto e irse a dormir temprano. Como curiosidad, los domingos y festivos está todo cerrado, incluidos restaurantes y cafeterías. De ahí que las barbacoas y picnics en los parques sean un clásico en festivo.

En Washington DC, ciudad a la que viajó durante su estancia en California.
En Washington DC, ciudad a la que viajó durante su estancia en California.

– ¿Algún rincón favorito?
– Suiza es el país del chocolate y yo soy una amante de este manjar. Así que si tengo que elegir algún lugar me quedaría con cualquiera de las chocolaterías de la ciudad. La más popular es Spungli, todo lo que sirven allí está buenísimo y es carísimo pero de vez en cuando… ¡te puedes dar un caprichito! De todas formas, garantizo que todo el chocolate suizo está buenísimo.

Paisaje desde el parlamento suizo que se encuentra en la capital Berna.
Paisaje desde el Parlamento suizo, ubicado en la capital del país, Berna.

– ¿Cómo es tu día a día?
– Aunque a veces saltamos al horario español, intentamos llevar horario suizo. Nos levantamos unas dos horas antes de trabajar para que nos dé tiempo a hacer algo de deporte  y desayunar, luego trabajamos de 09.00 a 18.00 horas con una hora para la comida a las 12.00 horas y cenamos alrededor de las 19.00 horas. Tras cenar solemos hacer planes o disfrutar del ocio aunque también son las clases de idioma. Los fines de semana para nosotros no tienen horario y solemos aprovechar para conocer nuevos rincones del país. Eso sí, los domingo siempre llevamos comida por si nos encontramos todo cerrado.

– ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención de la vida en Suiza?
– Además del sistema de basuras, que cuando viene alguien de España a visitarnos se vuelve loco; nos ha sorprendido mucho que los restaurantes y cafeterías cierren los domingos. Afortunadamente, siempre hay alguna cadena americana de comida rápida que nos ha salvado de algún apuro. Pero, sin duda, lo que más llama la atención son los paisajes de Suiza. El país está rodeado de montañas y las vistas en muchos puntos son espectaculares y muy diferentes a las vistas de la costa onubense. Una grata sorpresa es encontrar fruta de Huelva en cualquier frutería o supermercado.

Parques y jardines alrededor del lago, en Zúrich.
Los fines de semana aprovechan para conocer nuevos rincones. En la fotografía, parques y jardines alrededor del lago, en Zúrich.

– ¿Algún aspecto al que te haya sido complicado adaptarte?
– Lo más complicado es encontrar piso de alquiler amueblado. Aquí hay cultura de alquilar y no comprar, por lo que la mayoría de viviendas que se alquilan están vacías. Los suizos pueden vivir en la misma casa de alquiler toda su vida y les gusta decorarla y amueblarla a su gusto. Además, aquí los propietarios del inmueble eligen al inquilino. El arrendador se reúne con los posibles candidatos, les hace una entrevista, les pide desde el currículum hasta recomendaciones (y doy fe que llaman a esas personas) y luego son ellos quienes deciden quién alquila la vivienda.

Una de las muchas chocolaterías de Zúrich.
Una de las muchas chocolaterías de Zúrich.

– ¿Qué valoras de forma más positiva tu experiencia en Suiza?
– Lo mejor sin duda es conocer una nueva cultura, un nuevo idioma y tener una nueva experiencia. En cuantos más países vivo, más sensación tengo de poder elegir cómo y dónde quiero vivir.

– Y tu familia, ¿qué pensó cuando tomaste la decisión de marcharte?
– Debido a los ocho meses anteriores en los que estuve entre Madrid y Zúrich, creo que ya se lo veían venir aunque os aseguro que no lo sabíamos ni nosotros. Pienso que se lo esperaban. No obstante, vivía en Madrid y tardo lo mismo en tren a Huelva que en avión a Suiza.

Junto a la torre campanario de la Universidad de Berkeley.
En Berkeley, frente a la torre campanario de la Universidad de la ciudad americana.

– ¿Qué echas más de menos?
– El pescado, aquí no hay nada más allá del salmón. Por supuesto, también echo de menos a la familia, los amigos, el sol y las tardes largas en las que a las 22 horas es de día.

– ¿Está en tus planes volver a Huelva?
– Aunque mi marido no es de allí, siempre sueña con vivir algún día en la costa onubense. Yo prefiero disfrutar el presente y no pensar mucho en dónde voy a vivir el año que viene ¡Iré dónde me lleve el destino!

La onubense, en su visita a Hollywood.
La onubense, en su visita a Hollywood.

– Qué mensaje mandarías a los onubenses?
– Cuando vives en otros países te das cuenta de la riqueza que tiene Huelva y las múltiples posibilidades que hay para sacarle todo su potencial. Las frutas onubenses (fresas, arándanos…) traspasan fronteras, el sabor del jamón de Jabugo triunfa allí donde lo prueban y las gambas no tienen igual. Más allá del paladar, las playas de Huelva son únicas y poco tienen que envidiar a las playas paradisíacas que nos venden las agencias de viaje. Salir a otros países nos ayuda a abrir la mente, no sólo por conocer una nueva cultura o aprender otro idioma sino porque nos hace poner en valor todo lo bueno que hay en nuestra tierra y ver nuevas oportunidades de negocio para explotarlo más allá de nuestras fronteras.

– Muchas gracias, Ana.



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