El misionero onubense Juan José Gómez, más de una década sacando a los niños de las calles de Benín

Estudió Farmacia, pero cuando acabó la carrera decidió que quería consagrar su vida a ayudar a los demás. Tras ingresar en los Salesianos, este iliplense marchó a África, donde dirige desde hace 11 años un proyecto que le ha permitido arrebatarle a la esclavitud, la explotación y la miseria a miles de pequeños.

El onubense Juan José Gómez.
El onubense Juan José Gómez.

Ana Rodríguez. En una zona costera al oeste del continente africano se encuentra la República de Benín. En su capital, Porto Novo, recaló hace 11 años un misionero salesiano de Don Bosco natural de Niebla, Juan José Gómez Serrano, para llevar a cabo una difícil labor: recoger de las calles de esta ciudad a los chicos de entre ocho y 16 años abandonados, vendidos por sus familias o huídos de la esclavitud para proporcionarles un hogar, comida y educación con el objetivo de reinsertarlos en la sociedad.

Niños del proyecto 'Chicos de la calle Benín'.
Niños del proyecto ‘Chicos de la calle Benín’.

A este ambicioso proyecto lo bautizaron como ‘Chicos de la Calle Benín, un apasionante reto que se ha convertido en una asombrosa realidad digna de reconocimiento. Y es que el día a día de los niños de este país es extremadamente duro: “se han ido de casa por desestructuración familiar, pobreza, éxodo rural, maltrato, incluso les acusan de brujos… acaban en la calle y viven de los trabajos que pueden encontrar en el mercado”, explica Gómez Serrano.

Acabar en las garras de la esclavitud o de la explotación (los niños son vendidos por sus propios padres) no es difícil en Benín, por eso es esencial el trabajo de sensibilización, prevención e identificación en los mercados y en las fronteras que realiza el onubense y los demás misiones que participan en este proyecto, a fin de ofrecerles a los chavales una oportunidad, a través de la educación, para que puedan ser “honestos ciudadanos”.




En Benín tienen tres casas de acogida, entre otros centros.
En Benín los salesianos tienen tres casas de acogida, entre otros centros.

Como explica Juan José, la primera fase de esta gran labor que realizan para rescatar a los niños pasa por proporcionarles techo, agua y comida. Ello lo hacen en una de las tres casas de acogida que Don Bosco posee en la zona, donde pueden descansar y alimentarse durante la tarde y noche mientras, por el día, acuden al mercado para obtener algún dinero. Este primer contacto permite un acercamiento, establecer unos lazos de confianza entre los misioneros y los menores, que son escuchados y comprendidos. “Nos permite conocer las causas por las que están en la calle, identificar cuál es su familia y ver si existe posibilidad de que vuelvan con ella“, comenta el onubense.

Juan José lleva 11 años de misionero en África.
Juan José lleva 11 años de misionero en África.

Si no hay garantías de que el niño pueda regresar a su hogar, se inicia una segunda fase en otro centro donde se trabaja a nivel humano, afectivo y de proximidad para “reestructurar a la persona”. Es ahora cuando se les enseñan hábitos saludables como ducharse, lavar la ropa, ordenar la despensa, tener amigos, hacer deporte, preparar la comida, etc. Y cuando ya el joven está preparado, se le plantea la cuestión de qué desea hacer con su vida.




En este sentido, Juan José relata que “les damos la opción de aprender francés y volver a la escuela, aprender un oficio o proporcionarles formación agropecuaria y ellos eligen. En cualquier caso, siempre se sigue trabajando para ver si pueden volver con la familia o reinsertarlos con un trabajo digno”. Para esta tercera parte del proceso, los misioneros disponen de una tercera casa y de dos centros de formación, uno de ellos dedicado a la rama agropecuaria, además de tres escuelas alternativas para niños desescolarizados, a fin de ofrecerles una oportunidad de alfabetización.

Muchos chicos vuelven a la escuela o les enseñan un oficio.
Muchos chicos vuelven a la escuela o les enseñan un oficio.

A día de hoy, entre los distintos centros Juan José y sus compañeros ayudan a 240 niños de entre 10 y 16 años, aunque por desgracia cada vez les llegan pequeños de menor edad, de incluso seis o siete años. Lógicamente, una situación tan dura no es fácil de sobrellevar, ni siquiera para quienes ya están acostumbrados a contemplar este tipo de injusticias. “Se vive desde una visión de fe y los niños te transmiten esperanza y alegría porque, a pesar de la dificultad y dureza de la vida, son capaces de reír y mirar hacia delante. Además son niños que, cuando te acercas a ellos, te ofrecen su cariño, se protegen unos a otros y son muy trabajadores y agradecidos”, pone de manifiesto el salesiano iliplense.

Tras acabar la carrera, el iliplense quiso ser sacerdote.
Tras acabar la carrera, el iliplense quiso ser sacerdote.

Y es que Gómez Serrano es capaz de ver, más allá de la miseria y la desgracia, la bondad humana, incluso en contextos como el de Benín. Darse a los demás es la fuente de su felicidad, una revelación que no descubrió de niño, ni siquiera de adolescente, sino cuando ya era todo un hombre.

Juan José nació en Niebla, municipio del que su padre era el veterinario allá en la década de los 70, aunque también tiene sangre beasina por parte materna. De hecho, su madre es Pilar Serrano, una mujer muy conocida en Beas, tanto por su devoción a la Virgen de Clarines como por su labor solidaria.

Junto al Papa Francisco.
Junto al Papa Francisco.

El onubense estudió en el CEIP San Walabonso de su localidad natal y, en sexto de EGB, marchó a Sevilla para ingresar en el colegio salesiano Santísima Trinidad. Cuando terminó su formación obligatoria, entró en la Facultad de Farmacia de Granada, siendo entonces cuando descubrió su vocación religiosa. Como él mismo cuenta, “cuando hacía la carrera me invitaron, como antiguo alumno de los Salesianos, a trabajar en uno de los barrios marginales granadinos, realizando actividades deportivas, de tiempo libre y refuerzo escolar. Fue entonces cuando empecé a preguntarme dónde era más feliz y útil, y descubrí que era dándome a estas personas que pasaban necesidad“.

Así pues, decidió ordenarse sacerdote de la congregación salesiana de Don Bosco, realizando, como es habitual, los correspondientes periodos de prenoviado, noviciado y postnoviciado. Pasó la parte ‘práctica’ en la localidad gaditana de La Línea de la Concepción y luego retomó sus estudios de Teología en Sevilla, donde estuvo trabajando en Utrera y el conocido barrio de las Tres Mil Viviendas de la capital hispalense. Tras ser ordenado sacerdote, estuvo dos años en un colegio de Mérida hasta que le concedieron su deseo de prestar sus servicios en alguna de las misiones que su congregación tiene en los países más necesitados.

El próximo destino de Juan José será Burkina Faso.
El próximo destino de Juan José será Burkina Faso.

Así llegó hace 11 años a Benín, un lugar en el que ha trabajado mucho por todos esos niños que viven en la calle. Pero toca empezar una nueva aventura, y es que el próximo mes de septiembre Juan José llegará a su próximo destino, Uagadugú, en Burkina Faso. Allí le han encomendado la labor de poner en marcha un nuevo proyecto de ayuda humanitaria. “Será un año de observación y discernimiento. Habrá que conocer la realidad del país, su cultura, etc., adaptarnos a él y reflexionar sobre sus necesidades“, explica el misionero, al que le hace gran ilusión esta nueva etapa. Una vez que conozca el terreno, su misión será determinar qué acciones llevar a cabo, qué medidas tomar y a qué colectivo dirigirlas, un objetivo muy complejo que el onubense afronta lleno de energía y ganas.

El onubense lucha por dar a estos niños una vida mejor.
El onubense lucha por dar a estos niños una vida mejor.

Precisamente para tomar fuerzas, Juan José se encuentra estos días en la provincia de Huelva, disfrutando de su familia, que lleva “con dolor, pero con orgullo y entusiasmo mi dedicación. Además están también muy implicados en el proyecto, ayudan mucho”, manifiesta el misionero.

En este sentido, cabe destacar que es posible colaborar desde España en el proyecto ‘Los chicos de la calle de Benín’, tanto convirtiéndose en padrinos del mismo por sólo 30 euros al mes, como participando en las campañas de recogida de alimentos que anualmente, normalmente en los meses de noviembre y diciembre, se organizan en la provincia de Huelva y con las que colaboran municipios, parroquias, hermandades, colegios y un largo etcétera.

En suma, la labor que Juan José Gómez realiza en África es digna de admiración, contribuyendo a dar una vida más justa a miles de niños que necesitan una oportunidad. Todo un ejemplo de trabajo y entrega para sus paisanos onubenses.




2 Responses to "El misionero onubense Juan José Gómez, más de una década sacando a los niños de las calles de Benín"

  1. Juan Antonio   1 julio 2016 at 6:18 pm

    Bien que merece la pena dar la vida por los demás, máxime en estos tiempos, con el Evangelio en la mano, a los que no te van a devolver cuanto hagas por ellos. Adelante, amigo Juan José, eres un ejemplo a seguir.

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  2. rafael avila   8 julio 2016 at 2:16 pm

    los chicos de la calle de benin van a perder a un gran amigo. espero que co la ayuda de Dios en tu nuevo destino, otros chicos encuentren consuelo a su situacion. un abrazo.

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