Refugiados en la frontera, ¿Europa está deshumanizada?

Aunque miremos a otro lado, aunque cambiemos de canal cuando vemos el horror, es humano sentir dolor ante el dolor de los demás.

Refugiados
Los países controlan sus fronteras para evitar que entren los refugiados.

María Mascareña / Psicóloga del Centro KambalayaCon todo lo que está ocurriendo en Europa, a raíz del movimiento migratorio de los ciudadanos sirios, me parece importante reflexionar sobre las consecuencias que están ocurriendo y que cada día vemos en televisión…

Por un lado tenemos a los inmigrantes sirios, que han dejado sus casas, sus recuerdos, su tierra, buscando un espacio de seguridad para sus familias, tratando de que la vida les dé una segunda oportunidad. Por el otro están los países europeos, que tratan de defender sus naciones, de controlar las fronteras, de evitar que entren los refugiados.

Para mí, como profesional de la psicología, lo más importante es tratar de entender lo que cada parte puede sentir, por eso, hoy me gustaría analizar con calma la situación en la que se encuentran los refugiados, tratando de hacerlo con la mayor empatía posible, y te propongo que hagas tú lo mismo.




Si trataras de ponerte en la piel de un refugiado sirio ¿qué crees que sentirías? Vamos a ponernos en situación. Eres una persona de una familia común, con un nivel económico medio, con un trabajo, con una familia, con una vida normal. Vives tranquilamente en tu casa, con tu rutina, viendo a tus hijos crecer… y de repente, por temas políticos, comienzan las protestas, las manifestaciones. Comienzas a ver los enfrentamientos por la tele, y empiezas a sentir inseguridad, no sabes muy bien lo que podría llegar a ocurrir…

Poco a poco comienzan los ataques, las detenciones, las explosiones, gente muerta, casas devastadas por los bombardeos. Tienes miedo de salir a la calle, pero tampoco sabes qué puede ocurrir si te quedas en casa… ves que otros conocidos comienzan a huir, con sus familias y las maletas en la mano. Te das cuenta de que no tienes opción, de que ya no puedes aguantar más en esa situación y huyes tú también, dejando a un lado tu casa, tu trabajo, tus recuerdos, tu tierra.




Y encima, después de esta dramática y dolorosa huida y tras mucho tiempo en el camino hacia un lugar mejor, te encuentras en la frontera de Europa, con otro gran problema, no quieren dejarte entrar… es como para volverse loco.

Probablemente no puedo ni imaginarme la sensación real que puede tener una persona en esa situación, pero tratando de visualizar toda esa vivencia, creo que me sentiría angustiada, cansada y hundida cuanto menos. Supongo que tendría miedo, que mi cuerpo estaría alerta a todo lo que pudiera ocurrir, no podría dormir bien por las noches (por las pesadillas)… supongo que estaría a punto de tirar la toalla.

Y en una situación como esa ¿crees que es fácil sobrevivir? Te aseguro que en esos casos la muerte puede llegar a ser una salida a un horror que dura más de cinco años, la capacidad de lucha se va perdiendo, la sensación de pérdida está tan adentro del cuerpo que la tristeza y la nostalgia pueden consumirte.

Digamos que, en términos psicológicos podríamos observar crisis de ansiedad, estrés postraumático, depresión,… entre otros síntomas.

Desgraciadamente hemos vivido y observado muchas guerras durante las últimas décadas y conocemos de alguna forma el horror que supone para una persona, las secuelas que se quedan marcadas, los miedos derivados del estrés al que haya sido sometida.

Quizás da miedo acoger a tanta gente inmigrante, probablemente estemos condicionados por muchísimas creencias que se han instaurado en nosotros por las noticias y comentarios en los medios donde, de alguna forma, han tratado de hacernos pensar que son los inmigrantes los que nos causan problemas, los que provocan altercados, los que generalmente traen la violencia o el tráfico de drogas… pero, ¿acaso nuestros antepasados no tuvieron que vivir situaciones similares? ¿Acaso no conoces a ningún familiar que vivió durante la guerra?

Yo sí conozco personas que vivieron nuestra Guerra Civil, sií conozco a niños (ahora adultos) que vivieron el miedo y la cultura del silencio. Conozco a personas atemorizadas por la muerte, que hoy y, después de tantos años, aún recuerdan un abrazo de un padre perseguido en mitad de la noche para no ser visto, que siguen con pensamientos de persecución, paranoicos, que se quedan tras la puerta para no cruzarse a un vecino, que tienen un carácter difícil, que están “tocados” de por vida por todo lo vivido en su infancia.

Puede sea muy sentimental, pero a mí me duele el sufrimiento de los demás, y probablemente a ti también te duela. Aunque miremos a otro lado, aunque cambiemos de canal cuando vemos el horror, es humano sentir dolor ante el dolor de los demás.

Quizás sea hora de bajar la guardia, de dejar a un lado los miedos y ayudarlos. Quizás sea hora de conectar con su dolor, de empatizar con su sufrimiento, con sus miedos, de ser más humanos. Quizás sea hora de permitirles descansar, de ayudarles en su duelo y darles la oportunidad de recomponerse, de rehacer sus vidas, de vivir.




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