La Encarnación, emotivo símbolo que se mantiene en la memoria, justo cien años después de su inauguración

Hemos acudido a este enclave, antiguo apeadero de la línea Huelva-Zafra, el mismo día de su inauguración, pero justo un siglo después, para rememorar la jornada festiva que inmortalizó Diego Calle

Fotografía de Diego Calle con los invitados a la inauguración y personal de la finca
Fotografía de Diego Calle con los invitados a la inauguración y personal de la finca

J.A. de Mora. Cumpliéndose justo un centenario de la jornada festiva en la que fue inaugurada la Estación de la Encarnación, de la línea férrea Huelva-Zafra, hemos prestado atención a este curioso y simbólico paraje de la provincia. El 26 de junio de 1915 fue el caluroso día en el que una notable representación de la sociedad onubense subió al tren, tras desayunar en el neurálgico Café Nuevo Mundo, para acompañar a Miguel Borrero Morón en el emotivo acto de bautizar con el nombre de su esposa, fallecida, el apeadero que construyó en la linde de su finca, situada en el término de Calañas, próximo a la aldea de los Milanos.

La Encarnación hoy, justo cien años después
La Encarnación hoy, justo cien años después

Hace ahora cien años las principales autoridades provinciales e insignes onubenses de la época, como Manuel Siurot, Antonio Mora Claros, José Marchena Colombo o Ricardo Terrades, confraternizaron en la feliz jornada. También compartió misa -otro invitado era el arcipreste de Huelva-, y mesa y mantel, el principal notario de la capital, Juan Cádiz, aunque no lo hizo ejerciendo funciones.

Fotografía de los años cincuenta del siglo pasado. Se observan algunos cambios en el edificio principal.
Fotografía de los años cincuenta del siglo pasado. Se observan algunos cambios en el edificio principal.

Estas quedaron en manos, en el objetivo más bien, del fotógrafo clave de las primeras décadas del siglo XX en Huelva, Diego Calle. El prestigioso intelectual, que así habría que calificarlo, realizó varias instantáneas que han dejado vivos estos ilusionantes inicios para la eternidad.

El profesor Emilio Romero acompañó a HBN en la localización de La Encarnación.
El profesor Emilio Romero acompañó a HBN en la localización de La Encarnación.

Para conmemorar la efeméride y saciar nuestra curiosidad de conocer ese enclave, hemos acudido, acompañados del profesor Emilio Romero, incansable investigador del patrimonio onubense, cien años después en la búsqueda y localización de La Encarnación. El trayecto no lo hemos realizado en tren, como nuestros ancestros, sino inevitablemente en todoterreno partiendo de Fuente de la Corcha.

Restos del rótulo que presidía el edificio principal de La Encarnación
Restos del rótulo que presidía el edificio principal de La Encarnación

El difícil camino nos ha presentado unas vistas espectaculares, encontrándonos con frecuencia con grupos de ciervas acompañadas de cervatillos. El cruce por el río Odiel es paradisiaco.
Al llegar a las proximidades de las vías casualmente hemos coincidido con el paso del tren hacia Galaroza. Viendolo pasar, hemos pensado en que es una lástima que se haya recortado el trayecto, el número de servicios y que se mantenga la línea con una naturaleza renqueante, teniendo carácter estratégico para esta provincia, su puerto y Extremadura.

Pequeño homenaje en el centenario de la inauguración.
Pequeño homenaje en el centenario de la inauguración.

No ha sido una buena noticia comprobar el estado de La Encarnación, con la edificación principal completamente derruida. Sin embargo, hemos tenido la oportunidad de realizar un simbólico homenaje a aquellos onubenses de una época en la que el emprendimiento era significativo.

Ciervas que fueron testigos de nuestra visita
Ciervas que fueron testigos de nuestra visita

La riqueza minera permitió un crecimiento y desarrollo que parece que hoy vuelve para resurgir, con la ventaja de que en esta época se pueden subsanar muchos aspectos negativos de antaño, principalmente medioambientales. La Encarnación mantiene algunas de las encinas de entonces y dos palmeras.

Este naranjo cargado de fruta, situado en la antigua estación hoy demolida, nos recordaba que la vida siempre sigue adelante
Este naranjo cargado de fruta, situado en la antigua estación hoy demolida, nos recordaba que la vida siempre sigue adelante

El entorno tiene un encanto especial y es fácil imaginarse las sensaciones que pudieron tener la treintena de ilustres invitados que participaron en la jornada festiva.
Hace dos años publicamos un artículo con el detalle de aquella jornada del 26 de junio de 2015, cuyo enlace adjuntamos.

Hoy, cuando se han cumplido justo cien años, hemos querido recordar, in situ, aquella simbólica celebración, en la esperanza de que la línea Huelva-Zafra, como arteria estratégica de comunicación para Huelva renazca y favorezca la prosperidad de este singular territorio.

http://huelvabuenasnoticias.com/2013/06/05/la-inauguracion-de-la-encarnacion-una-feliz-jornada-para-la-linea-del-ferrocarril-zafra-a-huelva-en-1915/

 



4 Responses to "La Encarnación, emotivo símbolo que se mantiene en la memoria, justo cien años después de su inauguración"

  1. Emilio   27 junio 2015 at 8:17 am

    Amigo Ramón, aunque hace tiempo que conocía el enclave, esta vez ha sido más emotivo con tu compañía, ya que tú tambien conocedor de la historia de nuestra Huelva tuvistes el detyalle de invitarme a que te acompañara en el simbólico día del centenario de su inauguración.Buena mañana que echamos por esas tierras andevaleñas. Seguimos…..

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  2. Jesús Copeiro   27 junio 2015 at 9:05 am

    Me ha encantado el reportaje. Un saludo cordial.

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  3. Cristóbal Fernández.   27 junio 2015 at 8:41 pm

    Ya de por si es un apartado lugar que pronto quedará mas apartado con la construcción del pantano de la Alcolea, que esperemos le de otra “vida” a ese reseco paraje.
    Felicidades por el artículo ya que nos recuerda la entrañable historia de un olvidado apeadero de la desdichada línea de FC Zafra-Huelva. Saludos.

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  4. Adolfo Morales   28 junio 2015 at 9:52 am

    Me ha encantado este viaje de vuestra mano. Genial la inmersión y pavorosa la huella del tiempo, al comprobar aquellas escaleras atestadas de ciudadános que conducían a aquel edificio a ver solo cómo solo los escalones se aferran a la memoria, el vértigo es inevitable.

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